


Lisandro Aloi (nacido en 1978, Buenos Aires, Argentina) es un arquitecto, diseñador urbano, artista visual, fotógrafo y músico argentino. Residiendo entre Buenos Aires y Los Ángeles, y actualmente trabajando en Argentina y Uruguay, su práctica interdisciplinaria combina documentación fotográfica , exploración cultural y colaboraciones en arquitectura, Real Estate, artes visuales y música.
Criado en Buenos Aires con herencia italiana, la infancia de Aloi, marcada por mudanzas frecuentes y viajes globales, forjó su adaptabilidad y curiosidad. Se graduó en Saint Andrews Scots School (1996) y estudió arquitectura en la Universidad de Buenos Aires (1997), Universidad de Belgrano (1998–2001) y Universidad de Palermo (2001–2004). También se formó en fotografía en la Escuela Argentina de Fotografía (1997–1998) y en música/producción audiovisual en el Musicians Institute en Los Ángeles (2009–2012).
Arquitecto licenciado desde 2004, Aloi fundó SANO (Sociedad de Arquitectura Nómade) en 2006, un estudio en Buenos Aires enfocado en diseño sostenible y culturalmente sensible en Argentina, Uruguay, Italia, Costa Rica, Ecuador y EE. UU. Proyectos destacados incluyen:
Aloi cofundó ARA, una empresa de desarrollo inmobiliario, y AIR, una oficina de arquitectura y hotelería en Costa Rica. Sus diseños sostenibles, como el proyecto de Pepsi en Ecuador, priorizan la eficiencia energética y la reutilización de agua. Es Representante Nacional de Argentina para la Región Internacional de la AIA. (American Institute of Architecture)
Aloi enseñó Diseño de arquitectura en la Universidad de Palermo y la Universidad de Buenos Aires durante más de 12 años, guiando a estudiantes, participando en proyectos de investigación y como jurado en varios concursos de diseño.
Como Bonson Berner, Aloi compuso y grababa varios instrumentos. Su banda Siga la Flecha tocó en los festivales Pepsi Rock (2005–2007). Sus álbumes incluyen Siga la Flecha and the Panvisual Orientation System (2005), How Can I Be an Immigrant If I’m in My Planet (2012) y Reflection (2015), este último liderando listas de radio en EE. UU. Compuso la banda sonora de The Paranoids (2008) y dirigió videos musicales, como “Running Days” (2012), que ganó el premio a Mejor Proyecto de Videoclip y Música en el Musicians Institute (2012), y “Quien va a hacerlo por vos” de Guillermo Porro (2013).
El estilo de vida Nómada de Aloi y su familia impulsa su práctica interdisciplinaria, enfatizando la sinergia y el intercambio cultural. Su obra desafía las nociones de permanencia y promueve el diálogo entre la fotografía y las artes plásticas con una investigación que reflexiona constantemente con el paso del tiempo y lo relativo del presente.

La fotografía y el arte de Aloi, inspirados en sus viajes, exploran el movimiento y la conexión humana. Su proyecto Desierto (2015–2018) se exhibió en MARQ, Buenos Aires (2018). Exposiciones destacadas incluyen:
Sus fotolibros incluyen Lisandro Aloi - Photography and Drawings (2010), Nomadeye (2012), India – Nepal Stills
Exposiciones

Mi trayectoria como arquitecto
Empecé a trabajar en obras temprano en mi carrera. Mi primer edificio, un edificio de usos múltiples en Palermo, lo proyecté y construí estando todavía en 4° año de la universidad. Ya como estudiante me sumaba constantemente a proyectos de investigación, y ni bien me recibí en 2004 en la Universidad de Palermo comencé mi carrera docente incorporándome al equipo de Proyecto Final de Carrera.
Estar en obra es una manera cruda de aprender sobre construcción, materialidad y método para la ejecución de todo tipo de proyectos.
La arquitectura moldeó mi mano y mi trazo, y se convirtió en la plataforma ideal para una investigación muy completa acerca del hombre y su necesidades de expresarse, de construir, de manifestarse a través de los espacios que habitamos. En 2006 fundé SANO Arquitectura (Sociedad de Arquitectura Nómade). Desde el primer día invité a estudiantes a realizar pasantías y colaboraciones, manteniendo la oficina como un espacio de constante investigación y experimentación.
Durante más de 12 años combiné la práctica profesional con la docencia en la Universidad de Palermo y en la UBA, participando como jurado en concursos, dirigiendo proyectos de investigación y trabajando como consultor. Mi enfoque siempre ha sido una arquitectura contextual y culturalmente sensible.
En 2020 fui designado Representante Nacional de Argentina ante AIA International, convirtiéndome en el primer representante del país en Latinoamérica. En este rol promuevo el intercambio académico y profesional entre arquitectos argentinos y la comunidad global, me lleva a conferencias en distintos lugares del mundo y me permite relacionarme con referentes de todo el mundo. Soy un enamorado de la arquitectura y no dejo de usarla como plataforma para expresarme constantemente.
Hoy sigo con mi estudio y activo en desarrollos de Real Estate relacionados con arte y paisaje, haciendo ciudad, proyecto y conexión internacional desde Buenos Aires, con la misma pasión de siempre: investigar, construir y compartir.

Instalacion en el MARQ en el año 2018

Viejos libros de Contaduría expuestos a un mes de los agentes del tiempo.
En el umbral del Museo de Arquitectura de Buenos Aires, antes de cruzar el límite que separa el afuera del adentro, una instalación detiene al visitante. Sobre el suelo, expuestos al sol, a la lluvia y al paso del tiempo, descansan libros de contaduría antiguos pertenecientes a un estudio de contadores públicos de la ciudad. Volúmenes que durante décadas guardaron el pulso administrativo de proyectos, transacciones, decisiones y promesas: el registro minucioso de aquello que alguna vez fue indispensable.
La obra desplaza a estos libros del archivo al umbral, del resguardo a la intemperie. Lo que fue cuidadosamente protegido —porque allí se cifraba la vida material de un estudio, los números que sostenían arquitecturas, oficios y nombres— queda aquí entregado al deterioro. Las hojas se humedecen, las tintas se vuelven memoria de tintas, las tapas se hinchan y se agrietan. El tiempo, que en su momento se contaba página a página, ahora avanza sobre las páginas mismas.
Y sin embargo, esa entrega al olvido no es desorden. Los libros se disponen en una secuencia rítmica, una composición que les devuelve forma cuando ya no tienen función. La instalación opera entonces como un acto de duelo y de elevación: ordena lo que dejará de existir, presenta su desaparición y nos pide mirarla. Antes de que la materia se vuelva por completo silencio, la obra le concede un último gesto de belleza.
De este modo, la pieza dialoga conceptualmente con la investigación que se despliega dentro del museo. Si la arquitectura se afirma como permanencia, aquí se la confronta con su reverso: todo aquello que sostenía la obra —cuentas, papeles, registros, oficios— también pasa, también se borra. Lo importante, entendido como aquello sin lo cual nada habría sido posible, es justamente lo que el tiempo no perdona. La instalación nos enseña, en el cruce mismo del ingreso, que entrar al museo es también entrar en la conciencia de lo que se pierde.

… los colegios de cartógrafos levantaron un mapa del imperio, que tenía el tamaño del imperio y coincidía puntualmente con él. Menos adictas al estudio de la cartografía, las generaciones siguientes entendieron que ese dilatado mapa era inútil y no sin impiedad lo entregaron a las inclemencias del sol y de los inviernos. En los desiertos del oeste perduran despedazadas ruinas del mapa…
— Jorge Luis Borges, Del rigor en la ciencia
"Pensar" se dice de muchas maneras. Pensar es calcular, definir y planear. Pero pensar también es dudar, meditar y contemplar. La primera acepción del pensamiento requiere instrumentos de medida y aparatos de captura. El pensador instrumental permanece encadenado a sus herramientas. La segunda acepción, en cambio, obliga al pensador a soltar sus útiles, y a sostenerse solo en ese desasimiento.
En un sacrificio extraño —que remite acaso al origen común del arte y de la magia— Lisandro Aloi ha entregado sus dispositivos de cómputo y sus máquinas de registro a las inclemencias de los desiertos del oeste. Al exponerlos a ese entorno inconmensurable, ha dado con una forma impensada de desprenderse de ellos: sin necesidad de abandonarlos, y por el sólo hecho de haberlos arrastrado hasta el límite de sus posibilidades técnicas, se ha vuelto naturalmente libre de soltarlos en cualquier momento.
Pero para los que nos detenemos a contemplarlo, algo en el trabajo de Lisandro Aloi repite acaso aquella frase que —según es fama— cierta escultura en el Louvre le sugiriera un día a Rilke: denn da ist keine Stelle, die dich nicht sieht. Du mußt dein Leben ändern… "aquí no hay un sólo lugar que no te vea. Debes cambiar tu vida." A nosotros, los despreocupados usuarios cotidianos de instrumentos que miden y registran y, al hacerlo, sin que nos demos cuenta, nos sujetan, este Desasimiento nos recuerda que otra vida tal vez sea posible.
— Florencio Noceti
Cuando yo tenía 16 años, mi hermano Sebastián —en aquel entonces un maestro, consejero y compañero— me regaló una cámara 35mm SLR Nikkormat FT, con un lente Nikon 50mm f/1.8. A partir de allí, la idea de congelar escenas y narrar, para compartir situaciones e historias, me envolvió como una inconsciente y silenciosa filosofía de vida que le dio sentido a mis andares y aventuras. Encuentro paz plena cuando me entrego a la observación; y cuando ese presente —en el doble sentido de obsequio vivencial y conciencia del momento— está acompañado de un instrumento de captura, esa paz se mezcla con la edición. Tomo la actividad de editar, capturar y seleccionar a la vez como un juego y una responsabilidad.
Con los primeros trabajos llegaron los viajes a muchos países, y a la par de esas travesías fue creciendo una colección de cámaras analógicas de todo tipo y formato. Con el correr de los proyectos —producciones personales o profesionales, retratos y videos— fue decantando naturalmente una selección de instrumentos afines, con los que me fui sintiendo acompañado en mis objetivos técnicos y visuales. A los lugares inexplorados tiendo a llevar cámaras lo más chiquitas posibles: las amo y las admiro como instrumentos de diseño, cada una con su historia previa de energías y experimentos, y son también las más cómodas para pasar desapercibido, porque en los momentos que dan lugar a reflexiones profundas el observador tiene que tratar de no adoptar una actitud invasiva. A la hora de retratar en situaciones más "producidas", en cambio, encuentran su espacio los instrumentos más grandes y lentos: dispositivos más toscos que obligan al fotógrafo a tomarse su tiempo, y en esa reflexión técnica se logran a veces momentos mágicos, que entrañan un mensaje de respeto hacia la ocasión de la espera.
Las imágenes que componen la muestra se tomaron con cámaras de 35 mm y de formato medio, con toda clase de lentes y negativos —en muchos casos vencidos durante años— para investigar y representar la multiplicidad de miradas y lecturas que pueden tener lugar entre un observador y una narrativa. El resultado es un juego de variaciones, ora sutiles, ora muy evidentes, en torno a escenas bastante similares entre sí. Varias cámaras, varios lentes, varios tipos de negativos: son diferentes maneras de observar y bajar a tomas directas las mismas escenas.
Buena parte del trabajo está atravesada por el Cross Processing: el revelado de los negativos con químicos cruzados, distintos a los que les corresponden. En este caso, diapositivas o slides reveladas con el proceso C41 —usualmente reservado para negativos color—. Ese desvío químico explota los colores en direcciones imprevistas y estresa los haluros de plata presentes en la emulsión, produciendo un efecto de puntillismo que muchas veces se describe como un grano que "explota". Usé este método de estrés en el negativo a lo largo de toda mi carrera y está muy presente en estos trabajos. No hay manipulación digital: los tonos, las saturaciones y las paletas son producto de los químicos del negativo, de cómo le pegó la luz y del proceso de revelado.
Muchas de las tomas terminan, además, en el desierto: ahí son "tachadas" e "intervenidas" con pinceladas que las recubren nuevamente. Esa última capa cierra el gesto. Porque, en el fondo, esta colección de imágenes es el resultado de otras colecciones: colecciones de cámaras, lentes y negativos; colecciones de reglas, sellos y fotos; colecciones de heridas, llantos y risas.

01/12
Por proyectos mandarme una nota o email. Saludos

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